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El presidente ecuatoriano había pronunciado que las
Fuerzas Armadas del país seguían órdenes de la CIA. Esta actitud no cayó muy
bien entre los altos mandos del ejército, lo que provocó la renuncia de toda la
cúpula.
Rafael Correa había asumido su cargo presidencial en enero del año pasado
manteniendo buenas relaciones con las filas militares, sin embargo el jueves nombró
a una nueva cúpula militar y sostuvo que reformará las Fuerzas Armadas para recortar su poder y
evitar que sus organismos de inteligencia trabajen para la CIA.
Uno de los objetivos del presidente será aumentar el poder del Estado sobre
la economía, por tal razón, buscará obtener
apoyo en su campaña por neutralizar a los desprestigiados partidos
tradicionales y reformar la Constitución.
Los altos mandos militares no tomaron con agrado la
afirmación del mandatario en donde afirma que Washington controlaría a varios
organismos de espionaje ecuatorianos.
La salida de los comandantes, un día después de la remoción
del ministro de Defensa, implica un serio desafío para Correa en un país donde
las influyentes Fuerzas Armadas fueron protagonistas de la caída de varios
mandatarios.
"Nos hemos jugado por nuestras Fuerzas Armadas (...)
pero no permitiremos que pasen sobre nuestra autoridad y sobre nuestra
legitimidad democrática," dijo en un discurso Correa dirigiéndose a los
militares.
"Este es un Gobierno que no es títere de
nadie," agregó.
No solo Correa necesita del apoyo militar sino también el
mandatario Venezolano Hugo Chávez en su lucha por socializar los países
latinoamericanos.
Según las acusaciones de Correa Bogotá y Wshinton
estarían recibiendo información por parte de la inteligencia militar y policial
durante la crisis diplomática desatada tras la violación territorial, lo que el
presidente consideró como una muestra de la influencia de la Central de
Inteligencia de Estados Unidos (CIA) en el país.
Las fuerzas armadas constituyen un papel importante en la
construcción del proyecto político del presidente ecuatoriano de implementar el
socialismo del siglo XXI, tal y como lo llama Correa.
Tras las dimisiones, el mandatario nombró al general
Fabián Varela al frente del Comando Conjunto. Los generales Luis González y
Rodrigo Bohórquez liderarán a las fuerzas Terrestre y Aérea. Mientras que el
contralmirante Livio Espinosa, único sobreviviente del remezón castrense,
permanecerá al frente de la Fuerza Naval.
Los cuatro comandantes deberán además apoyar al
presidente en su búsqueda por reformar las Fuerzas Armadas, una de las instituciones
más poderosas del país y autodeclarada como garante de la democracia, para
someterla al control civil y reducir su influencia política.
Correa igualmente removió al comandante de la Policía,
Bolívar Cisneros, y lo reemplazó con Jaime Hurtado.
"Correa tiene una clara ventaja por su alta
popularidad y las divisiones dentro de los militares, pero siempre existen
riesgos si no implementa cambios reales en la institución," explicó Bertha
Garcia, una experta en temas militares en la Universidad Católica de Quito.
"Si el gana su batalla con los militares asegurará
la estabilidad de sus políticas de izquierda," agregó.
El primer punto de la reforma es transparentar los nexos
de las Fuerzas Armadas -que han avalado la destitución de tres presidentes
desde 1997- con instituciones extranjeras.
"No podemos tolerar que nuestros servicios de
inteligencia no respondan a nuestro interés nacional," resaltó Correa.
El mandatario aseguró que conformará en los próximos días
una comisión cívico-militar para investigar sus acusaciones.
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